Carta de Adolfo Pérez Esquivel para la comunidad de Sociales en contexto de COVID-19

03/04/2020

A los y las Estudiantes y docentes de la Cátedra Cultura de Paz y Derechos Humanos, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA-

Un fraterno abrazo solidario a cada uno/a de ustedes deseándoles mucha fuerza y esperanza en estos momentos inciertos y difíciles que nos toca vivir en el país y el mundo, sometidos a un peligro invisible como el Coronavirus, declarado Pandemia por la OMS. Situación que nos plantea muchos interrogantes y preocupaciones que nos lleva a reflexionar sobre la situación actual que nos cuestiona e interpela sobre los caminos a seguir.

Lamentamos no poder estar personalmente en la facultad y en la cátedra, pero les tenemos presentes y por ese motivo les envío esta carta para compartir y reflexionar juntos.

Hace un día escuche a un joven que vive o sobrevive en la calle, carente de todo y considerado por la sociedad un “descartable” -por ser pobre y no disponer de una vivienda- decir que: “el gobierno reclama que para combatir el Corona virus es necesario quedarse en la casa y guardar la cuarentena”.

Para él joven  la calle es “su casa”, sin domicilio fijo, incierto día a día y cuando lo sorprende la noche duerme en un portal, otro en alguna plaza o debajo de un puente y con la panza vacía.

 La ciudad es ancha y ajena, recordé al escritor peruano Ciro Alegría en su novela “El mundo es ancho y ajeno” y a nuestro querido Atahualpa, cuando canta “… las penas son de los hombres y las vaquitas son ajenas…”, la realidad golpea a nuestra sociedad y al mundo de los pobres  y excluidos del sistema.

 Desde hace más de 25 años el SERPAJ viene trabajando con los mal llamados “chicos de la calle”, ningún chico es de la calle, está porque es abandonado por la sociedad y es víctima de las injusticias, muchos se concentran en la Estación de trenes de Constitución, donde llegan de la periferia y del interior del país, forman sus grupos y “pandillas” como medio de protegerse y tener referentes frente a la violencia social y policial, como a la explotación que sufren.

 Frente a la situación actual de  la pandemia que se va extendiendo en el país y el mundo la pregunta es qué atención reciben de la sociedad y de las autoridades los pobres en las villas, en los asentamientos y los desplazados internos.  

No podemos desconocer que el gobierno ha implementado medidas de prevención y atención sanitaria a la población, pero la situación se encuentra desbordada, la política del gobierno anterior fue desmantelar la salud pública, los hospitales están carenciados de equipamiento y respiradores y es urgente recuperar su operatividad y condiciones al servicio del pueblo.

 Hay señales solidarias y esperanzadoras, nuestra Universidad de Buenos Aires ha puesto al servicio del gobierno sus hospitales para la atención de los afectados por el coronavirus, en especial el Hospital de Clínicas acondicionado para recibir a los pacientes.

Otro de los problemas de sectores sociales marginados en el país son los pueblos originarios, la atención médica en muchos lugares está ausente y distante y requiere del gobierno y de los gobernadores e intendentes asumir su responsabilidad para trabajar coordinadamente

Tengamos presente que los DDHH y de los pueblos son valores indivisibles en la construcción democrática.

Estamos frente a un virus imprevisible e invisible. Recibimos diariamente información del avance de la pandemia en el mundo y en América Latina y la forma de enfrentarla es asumir la unidad en la diversidad.

No todo está perdido, hay países, entre ellos la Argentina que enfrentan la grave situación sanitaria, gracias al valor y dedicación de médicos/as, enfermeros/as, personal de seguridad y de las FFAA y a la solidaridad social.

Países que se promocionan como “desarrollados”, tal como EEUU, Canadá, Europa en su política neoliberal, han privatizado los bienes y recursos de sus pueblos y abandonado las políticas de salud pública y se encuentran en serias dificultades de contener la pandemia que se extiende y provoca muertes, enfermedades y desastres económicos.

Otra pandemia peligrosa es el miedo, que paraliza  e impide hacer frente a la situación personal y colectiva de la sociedad.

Muchas veces en la cátedra comienzo con un pequeño ejemplo que quiero compartir con ustedes ¿Saben quién tienen al lado? Considero que ése es el primer paso para comprender a que nos referimos cuando hablamos de los derechos humanos y de los pueblos.

Tenemos a un hombre o una mujer, amigos o parientes con pensamientos diversos, religiosos sociales y políticos, pero todos y todas tenemos los mismos derechos en una sociedad democrática de libres e iguales.  Esto es fundamental para comprender los DDHH y desde dónde partimos  para la comprensión y respeto en la convivencia y valorizar que la diversidad que es la gran riqueza de los pueblos.

 Un hermano de caminada por América Latina y el mundo, un gran pensador y escritor uruguayo, Eduardo Galeano, pregunta: ¿Saben cuál es la palabra más usada en el mundo? –  Responde: “la palabra más usada en el mundo es YO…, yo y yo…” Es el individualismo que el neoliberalismo ha marcado a nuestras sociedades, olvidándose  del NOSOTROS/AS provocando lo que vemos en las grandes ciudades, miles de solitarios y solitarias en multitudes, un fenómeno psico-social y urbanístico preocupante sobre las grandes aglomeraciones en el mundo.

 Olvidan la comunidad, olvidan que somos seres sociales y debemos cambiar nuestro pensamiento y no dejarnos dominar por el pensamiento único que nos impone el sistema. 

La realidad nos señala que  después de los horrores y millones de muertes en la Segunda Guerra Mundial, la comunidad de las naciones tuvo la necesidad de generar un decálogo de normas y principios de convivencia y surge la Declaración Universal de los Derechos Humanos que ya estaban en la mayoría de las grandes culturas de la humanidad, en los libros sagrados, en la Declaración de los Derechos del Hombre de la Revolución Francesa y en el pensamiento filosófico de muchos pueblos, en los valores y la ética.

 La realidad nos señala que a pesar del sufrimiento de la humanidad  hay  gobiernos que no tienen memoria, o no quieren tenerla, que no  respetan los DDHH  y continúan violando los pactos y protocolos internacionales y nacionales. Es necesario hacer memoria, no para quedarse en el pasado, la memoria nos ilumina el presente y desde ahí podemos construir un nuevo amanecer y para lograrlo necesitamos de la rebeldía,  de la resistencia social, cultural, política y religiosa. Superar los conformismos y construir nuevos caminos para lo cual es necesaria la educación como práctica de la libertad, como lo señalara Paulo Freyre. Los derechos humanos y de los pueblos hay que ponerlos en práctica, pero es necesario pensarlos desde el corazón y la mente. Asumir nuestra responsabilidad y ponerlos en práctica en nuestras vida y convivencia, hoy sacudida por la violencia y la necesidad de generar un “Nuevo Contrato Social” frente a los desafíos de un mundo cada día más complejo y la necesidad de encontrar otros caminos superando la grave situación de vida que sufren  los pueblos, como los refugiados víctimas de las guerras y el hambre, en un mundo sometido a una economía devastadora con una deuda externa inmoral e injusta, son nuevas formas de esclavitud impuesta por el sistema económico basado en la especulación y no en la producción,  privilegiando  el capital financiero antes que la vida de los pueblos.

Recientemente el presidente Alberto Fernández enfrentando y tomando medidas para detener y contrarrestar la pandemia del coronavirus señaló que: “la economía se recompone, la perdida de la vida no”.

Desde la cátedra tenemos que hacer una análisis del caminar de los pueblos y saber por dónde debemos ir,  cuestionarnos  si es posible la Paz en un mundo violentado, con grandes desigualdades en sociedades con guerras y conflictos armados, el  hambre, la pobreza, como ese joven que nos dice: “ mi casa es la calle”. Los refugiados que huyen de sus tierras y buscan nuevas posibilidades de vida y muchos la pierden en esa incesante búsqueda

Muchas veces la vida me llevó a países en guerra y conflictos armados, a pueblos donde la miseria golpea la vida como en Haití y en países africanos, en Irak y en el continente latinoamericano con recursos y riquezas naturales, pero empobrecidos por la explotación de las empresas transnacionales y los intereses políticos y económicos.

 En la cátedra tenemos que analizar la situación de Latinoamérica, sus luchas, dolores y esperanzas. La rebeldía de los pueblos en búsqueda de la libertad y sus derechos soberanos, la necesidad de la integración y construcción de la Patria Grande que soñaron los Libertadores hacer realidad lo que planteamos en el Foro Social Mundial. “Otro mundo es posible”,  asumiendo la responsabilidad para construir la Paz, no como la ausencia del conflicto, sino como una dinámica permanente en las relaciones humanas entre las personas y los pueblos.

 Hay emergentes que debemos estar atentos/as, son como los ríos subterráneos que en momentos históricos surgen a la superficie y entre esos emergentes quiero señalar tres: los movimientos sociales, los pueblos originarios rescatando sus culturas, espiritualidad y la palabra de su lengua y el movimiento de mujeres con su fuerza son constructoras de nuevos paradigmas, su lucha no-violenta que va cambiando el rostro de nuestras sociedades.

 Les  pido  que sumemos nuestro esfuerzo sin perder  la capacidad de la rebeldía y el humor de sonreírle a la vida, a pesar de todas las dificultades de nuestros pueblos y la humanidad. La Paz no se regala, se construye.

 

 Un abrazo fraterno y mucha fuerza y esperanza.

Adolfo Pérez Esquivel

 2 de abril, día en que recordamos a los nuestros caídos en Malvinas, del 2020


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