Muestra de Talleres de Trabajo Social

Con exposiciones de fotos, instalaciones performáticas y juegos para la generación de conocimiento, los estudiantes de Trabajo Social protagonizaron el viernes 30 de octubre la Muestra de Prácticas Pre Profesionales. Por los pasillos del segundo y el tercer piso del ala Santiago del Estero de la Facultad, los alumnos pusieron en circulación los saberes construidos en las prácticas desarrolladas en más de 150 programas sociales, instituciones públicas y organizaciones sociales.

A cambio de caramelos y alfajores, según el tenor de los aciertos de cualquier persona de la comunidad universitaria que se animara al desafío, tres estudiantes de Taller I sometían en las inmediaciones del aula 300 a cualquier voluntario a una serie de preguntas con sus correspondientes respuestas, consignadas en un “multiple choice”. Todo, claro, luego de arriesgar su suerte arrojando un dado que tenía la representación, en una de sus caras, del CESAC de Agüero y Córdoba, sitio en el que intervenían las responsables del stand.

También hubo espacio para la exponer las fotografías tomadas por un grupo de chicas que realizan sus prácticas en Ciudad Oculta, en sintonía con el abordaje territorial del Estado nacional a través del Plan AHÍ, mejor conocido como la iniciativa que reúne y articula la potencia de diferentes ministerios en los barrios bajo el mote de “la interministerial”.

Sobre el final del pasillo, otras tres estudiantes montaron una propuesta lúdica de preguntas y respuestas. “Si ganás, te damos un alfajor y te tiramos papel picado pero, si perdés, también”, decían en medio de la algarabía que se suscitaba ante el baño multicolor de cada participante. Cerca de ellas, una alumna permanecía incólume con una propuesta muy elaborada sobre el maltrato infantil intrafamiliar. Se trataba de una casa de cartón, con ventanas y puertas para abrir y observar escenas de violencia doméstica.

En el segundo piso, por su parte, el aula 201 se convirtió en una cita obligada. Con un cordón que cruzaba pupitres, carteles con remisiones a conceptos de la salud pública y hasta el aparato de aire acondicionado colgado del techo, los estudiantes armaron una red que hacía imposible pasar de un lado a otro para recibir la atención que el paciente necesite. “Es la maraña de las instituciones de salud”, graficó una de las responsables de la puesta.

Fuera del aula, otro grupo, más bullicioso y también convocante, montó una cárcel con paredes de aglomerado y una cumbia chirriante que traspasaba los muros. Los estudiantes invitaban al público a pasar, les quitaban sus pertenencias, les colgaban un cartel que los convertía en culpables de algún delito y les mostraban los aspectos horrendos, representados con materiales artísticos, del encierro.

El director de la carrera, Nicolás Rivas, dialogaba con todos los expositores, orgulloso del despliegue logrado por sus futuros colegas. Y los pasillos, por unas horas, fueron mucho más que un lugar de tránsito camino a las aulas.

Print Friendly