La decana Ana Arias y el vicedecano Diego de Charras participaron este viernes 20/3 del acto de entrega de legajos a los familiares de ocho estudiantes de Sociología secuestrados y desparecidos, durante la última dictadura cívico-militar, junto al director de la carrera de Sociología, Rodrigo Salgado, la secretaria de Género y Derechos Humanos, Malena González Magnasco, la profesora Ludmila Schneider, impulsora del proyecto PIVAS, y la subsecretaria de Políticas de Salud Sexual Integral, Agustina Trajtemberg.
Entre el público, estuvieron presentes los diputados Cristian «Chipi» Castillo, Horacio Pietragalla y Santiago Roberto, y el ex jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina. También asistieron el secretario de Académica, Hugo Lewin, el secretario de Gestión, Diego Bráncoli, la secretaria de Extensión, Ianina Lois, el secretario de Estudios Avanzados, Julián Rebón, la secretaria académica de la carrera de Sociología, Sandra Guimenez, y el ex decano Fortunato Mallimaci, además de otras autoridades de la Facultad, representantes de las carreras y el Consejo Directivo. Organizado por la secretaría de Géneros y Derechos Humanos y sostenido con el despliegue del personal nodocente, el acto se realizó en el Auditorio Roberto Carri para rendir el emotivo homenaje, a casi 50 años de la conmemoración del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.
Como moderadora, González Magnasco agradeció la presencia de docentes, investigadores, dirigentes, militantes y familiares, en medio de «una agenda muy robusta», al tiempo que también destacó que se sumaran a la ceremonia el vicedecano de la Facultad de Agronomía, Flavio Gutiérrez, y los integrantes del centro de jubilados de ATE-Capital, en la previa del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. En su intervención, reivindicó «el legado de profesores como Mercedes Depino y ponderó que se hizo «un trabajo muy arduo para recuperar estos legajos, no solo por la entrega de esos documentos a los familiares sino también por la memoria institucional de la Facultad».
Entonces, dio paso a la proyección de un video con el saludo de Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz y profesor de esta casa de estudios. «Estamos haciendo memoria de una tragedia que pasó y pasa hasta la actualidad, nos cambió la vida a todos y todas», sostuvo, y llamó a «la rebeldía de las conciencias».
Pérez Esquivel recordó que «hubo juicios a las tres primeras juntas militares» y «hubo juicios a los represores que hoy son beneficiados por (Javier) Milei como lo fueron por (Carlos) Menem». «En las universidades tienen que tener esto presente para poder construir un nuevo amanecer para la patria».
Luego, fue el turno de la Decana, quien consideró: «tenemos una responsabilidad generacional hacia nuestro estudiantes, que es trabajar la memoria y lo que significó la dictadura, tenemos que contar la dictadura». En ese sentido, sugirió líneas de intervención para el debate y la formación, como la de indagar cómo «cambió el contrato de movilidad social y el endeudamiento», y remarcó que «previo a la dictadura las casas se vendían en pesos».
Arias definió la escena del auditorio colmado por la emoción como «un acto de profundo amor por nuestra memoria», y parafraseó la letra de la canción El Arrepentido, de León Gieco: «no sé si vas a caer, solo sé que el amor es tenaz y vuelve a salir como el sol».
De Charras, por su parte, expresó su «satisfacción y agradecimiento» por la realización del acto, y reconoció que «a pesar de la tardía creación de la Facultad, siempre se trabajó por la recuperación de la memoria». «No hay nada más actual que la memoria y a veces en las instituciones esto se pierde de vista pero las instituciones las hacen las personas: estamos en el Auditorio Roberto Carri y eso no es casualidad», apuntó.
Además, planteó que se ven «todos los días noticias sobre nuevas identidades», en referencia a los nietos recuperados. «Nos quieren hacer creer que 50 años es mucho tiempo pero para la historia de un país es poquísimo tiempo», pero advirtió que «el apoyo a las políticas de memoria sigue siendo muy alto». Por eso, instó «a no bajar los brazos, a reproducir este tipo de eventos, no perder de vista quiénes somos, de dónde venimos y hacia donde vamos».
Después, Salgado hizo un racconto sobre «el trabajo más sistemático sobre nuestras historias», repuso que hay 207 estudiantes desparecidos durante la dictadura y narró cómo fue que lo enteraron de la existencia de una placa en el subsuelo de la sede de la Facultad en Marcelo T. de Alvear 2230. «La placa se hizo a mediados de los 80′ y sistematiza una veintena de compañeros desaparecidos hasta ese momento pero son 207 hasta hoy, según lo que sabemos, porque es una cifra abierta». El director de Sociología resaltó también «los reflejos institucionales y democráticos, en un contexto progenocida, ya no solo negacionista».
A continuación, Schneider contó la importancia de la recuperación de los documentos que se entregaban a las familias de los desaparecidos. «Se puede ver que en esos legajos hay mucho más que un instrumento administrativo o burocrático, les vimos las caras, las fotos al momento de anotarse, letra manuscrita, exámenes», precisó, y subrayó que esas eran «las huellas que estaban ahí, sobre el paso de nuestros compañeros por la Facultad».
Finalmente Tajtemberg describió la jornada como «un acto de justicia», e indicó que aunque «puede parecer que hablamos de un pasado muy lejano, la generación que la dictadura quiso desaparecer luchaba contra injusticias que hoy permanecen y se han profundizado». «Más que nunca, es fundamental poder transmitir a las generaciones más jóvenes esas banderas que defendían los estudiantes desaparecidos», concluyó.
El encuentro guardo espacio incluso para que se leyera una carta de Ana Maria Baravalle para su madre, en la que le decía: «construye la dureza, ella destruirá cualquier vacilación pero no olvides forjar con ella la ternura». Entonces, se dio paso a la entrega de los legajos, que habilitaba en cada caso la posibilidad de que los familiares subieran al escenario y recibieran los papeles ante el aplauso cerrado de los presentes en el auditorio.
Por allí desfilaron sucesivamente los famliares de Baravalle, Gabriel Di Vito, Eduardo Horane, Guillermo Pablo Jolly, Hugo Gustavo Mogensen, Luis María Roberto, Mónica Susana Pinus y Rocío Ángela Martínez.
Baravalle había nacido el 20 de marzo de 1948 en Capital Federal e ingresó a la carrera de Sociología en 1970. El 27 de agosto de 1976 fue secuestrada de su domicilio en San Martín. En ese momento tenía 28 años y cursaba un embarazo de cinco meses de gestación. Al día de hoy, Ana María y la niña o niño que debió nacer en cautiverio continúan desaparecidos.
Di Vito, nacido el 22 de diciembre de 1946 en Campobasso, Italia, se inscribió en 1972. Fue secuestrado el 29 de noviembre de 1974 en Bella Vista, partido bonaerense de San Miguel, con 27 años. Continúa hasta hoy desaparecido.
Horane nació el 28 de abril de 1944 en la ciudad de Junín, Provincia de Buenos Aires. Cursaba la carrera de Ingeniería Electromecánica (Orientación Electrónica) en la UBA, y en el año 1969 ingresó a Sociología. Eduardo Gabriel fue secuestrado el 8 de diciembre de 1977 en la Iglesia de la Santa Cruz, ubicada en el barrio de San Cristóbal, Capital Federal, con 33 años de edad. Fue trasladado a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), y al día de hoy continúa desaparecido.
Jolly nació el 28 de junio de 1949 en Capital Federal. En 1970 ingresó a la carrera de Sociología. Fue secuestrado el 10 de diciembre de 1978 del Bar «El Ciervo», ubicado en Avenida Corrientes y Avenida Callao. Fue visto por otros detenidos en el CCDyT “El Olimpo”.
Mogensen nació el 28 de junio de 1953 en Capital Federal. En 1971 ingresó a la carrera de Sociología. Fue asesinado el 12 de septiembre de 1975 en su domicilio del barrio Las Margaritas, en Florencio Varela, provincia de Buenos Aires. Al momento de su asesinato tenía sólo 22 años.
Roberto nació el 2 de abril de 1942 en San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires. Siendo ya Licenciado en Economía Política por la UBA, en 1969 ingresó al Curso de Estudios Sociológicos para Graduados. El 23 de abril de 1976 fue secuestrado en la via pública junto a otra persona, en la intersección de Avenida Perito Moreno y Directorio, Parque Avellaneda, Capital Federal. En 1989 sus restos fueron identificados en el Cementerio Municipal de Isidro Casanova. A partir de la reconstrucción de los hechos, se supo que Roberto había sido asesinado el mismo día de su secuestro en terrenos del Banco Hipotecario, conocido como Barrio Sarmiento, de la Ciudad Madero, partido de La Matanza. Entonces tenía 34 años.
Nacida el 30 de enero de 1953, Pinus entró a la Facultad en 1973. Fue secuestrada el 12 de marzo de 1980 en el Aeropuerto Internacional de Río de Janeiro, Brasil. Al momento de su secuestro tenía 27 años. Fue vista en el centro clandestino “El Campito” (Campo de Mayo) y hasta el día de la fecha sigue desaparecida.
Martínez nació el 5 de Mayo de 1945 en Asturias, España. En el año 1970 ingresó a la carrera de Sociología. Vivía en Morón, Buenos Aires, y fue secuestrada el 14 de junio de 1976 en su domicilio. Tenía 31 años, estaba casada y tenía dos hijos. Su paso por un CCDTyE es desconocido.